Las armas letales del gran campeón del rugby español
El VRAC agranda su leyenda tras ganar su decimotercer título liguero utilizando sus grandes armas en tierras burgalesas.

Este domingo no faltaron los calcetines de Harry el Sucio en los pies de Diego Merino, entrenador del VRAC, y es que este amuleto, como contó el propio entrenador a Relevo, se ha convertido en uno de los "debes" para la plantilla del gran campeón del rugby español.
Los calcetines fashion son tan solo uno de los secretos del equipo que sigue dominando el rugby patrio tras la consecución de un nuevo título liguero (19-20) en el campo burgalés de Bienvenido Nieto.
El Recoletas Burgos Caja Rural ha sido capaz de alcanzar el nivel de juego de los queseros en las dos últimas temporadas, y se ganó por derecho propio el ser anfitrión en su campo de la gran final de la división de honor española tras quedar como primer clasificado en la fase regular.
Con dos finales perdidas en la temporada (la de Supercopa y la de Copa del Rey), el equipo quesero llegaba herido a una nueva final liguera.
Las grandes armas del VRAC
Sorprendió Merino en el XV titular quesero. El puesto de apertura (número 10) del que tanto se ha hablado en el entorno del equipo quesero lo ocupó Baltazar Taibo (ni Arthur Lennon, ni Javi López), durante todo el partido.
Para otro de los puestos clave, el de tercera centro (número 8), eligió a Sio Moala, mandando a Edwart Pogietter (el otro jugador que suele desempeñar esta posición a la segunda línea. Ya en la segunda parte y tras ser cambiado Moala, Tiaki Fabish ocuparía esta posición clave en cualquier delantera de rugby.
Pese a que los primeros minutos no comenzó bien la final para en esta ocasión el equipo visitante (los burgaleses se adelantaron 11-0 en el marcador), el gen competitivo de este equipo hace que el combate sobre el campo se vaya hasta el último segundo de partido. De esta manera, el VRAC con dos ensayos se volvió a meter en la final.
Salieron a relucir dos de las grandes armas del equipo quesero. La primera, la estrategia.
Diego Merino y los suyos tenían preparada una jugada ensayada en un golpe de castigo a 5 metros de la línea de ensayo. El capitán Kalo Kalo Gavidi saca el balón, se la da a Pablo Miejimolle (el talonador) en carrera, que parece que va a entrar contra la defensa burgalesa, pero le redobla Sio Moala por la espalda, que es quien realmente recibe el balón y posa la primera marca para el conjunto de Valladolid.
Pablo Miejimolle volvió a aparecer (todavía es recordada la patada 50/22 que consiguió sacar en la final de liga de la temporada pasada), y volvió a ensayar. Un jugador que en las finales se crece y nunca se esconde.

El elixir de la eterna juventud
En la segunda parte el Recoletas Burgos Caja Rural volvió a golpear de nuevo y volvió a poner distancia en el marcador, pero sobre el campo quedaba el arma más letal del equipo de Merino: su capitán.
Kalo Kalo Gavidi, de 42 años se las sabe todas, y estando sobre el campo puede definir una final en cualquier momento. Si en la primera parte decidió sacarse ese golpe a 5 metros para realizar la jugada ensayada que significaría el primer ensayo quesero, en la segunda parte, y con seis puntos abajo en el marcador, definió la final captando sobre el campo, un fallo defensivo burgalés.
El segunda línea quesero atacó por el eje de la agrupación de Burgos y con una gran carrera, ganando muchos metros, se planto a uno escaso de la línea de marca, donde Mauro Perotti remató la acción de su capitán.
Con la transformación de Taibo, el marcador no se movió más y, aunque Tomy Carrió tuvo la final en su pierna con un golpe de castigo, el luminoso final reflejó el 19-20 que daba el décimo tercer título de liga al equipo de Valladolid, confirmando (con sus títulos) que es el mejor equipo de la historia del rugby nacional.