RUGBY

El rugbier que trabajó durante la pandemia sin ver un euro y ahora vive en un limbo burocrático

Sacha Casaña lleva más de un año de baja por lesión y sigue a la espera de que le convaliden la carrera de Medicina que cursó en Argentina.

Sacha Casaña es atendido por los médicos tras romperse la rodilla. /Sara Cabezas.
Sacha Casaña es atendido por los médicos tras romperse la rodilla. Sara Cabezas.
Íñigo Corral

Íñigo Corral

La historia del rugbier argentino Sacha Casañas chirría bastante. Si hubiera que resumirla en una sola palabra, tal vez, ingratitud sea la que más se ajuste a la realidad. Según la Real Academia Española (RAE), significa "desagradecimiento, olvido o desprecio de los beneficios recibidos". Pues esto es, más o menos, lo que la vida le ha deparado en estos últimos años que llegó a España.

El jugador argentino se enroló en el VRAC de Valladolid en 2018 para convertirse en un profesional del rugby y, ya de paso, para concluir su carrera de medicina. Lo que ocurre es que, una vez instalado en la capital castellanoleonesa, le sorprendió la pandemia. Sin ingresos económicos, porque la Liga de División de Honor se había cancelado, no vaciló en ofrecerse voluntario para trabajar "sin cobrar un euro" en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid a pesar de no contar con la homologación de su título.

De vuelta a los terrenos de juego, se rompió la rodilla en el partido que dio el campeonato de Liga hace un año a su equipo y desde hace trece meses no puede ni subir unas escaleras. Mientras, lleva más de cuatro años sorteando todos los vericuetos administrativos para que validen sus estudios cursados en Argentina y poder así ejercer de médico en España.

Las múltiples visitas al quirófano

Casañas, de 30 años de edad, comenzó su aventura en el rugby muy joven. Lo hizo en la localidad de Don Torcuato, situada en el área metropolitana de Buenos Aires. Allí tiene su base el histórico equipo del Hindú donde coincidió con figuras actuales de Los Pumas como Tomás Lavanini, que acaba de fichar por el Lyon del TOP 14 francés, o Sebastián Canciellere, que actualmente milita en los Glasgow Warrios. "Esos dos son de mi quinta", afirma. Aunque también compartió vestuario con veteranos ilustres como Santiago Fernández o Hernán Senillosa que fue bronce con Argentina en la Copa del Mundo disputada en Francia en 2007.

Para el joven Sacha, el mayor de cuatro hermanos, durante su etapa de juvenil todo giraba en torno al rugby. "Mi semana iba de domingo a domingo, que era cuando tenía partido". Incluso le costaba estudiar antes de ir a entrenar. Aunque algo cansado, siempre prefirió hacerlo al regresar a casa. Con apenas 15 años se rompió la rodilla y diez meses después tuvo otra rotura en la misma articulación que le apartó durante bastante tiempo de los terrenos de juego. En esa época empezó a familiarizarse con el quirófano. "Entre los 15 y los 17 años jugué muy poco", confiesa. Fue entonces cuando conoció "el lado humano de la medicina". Se quedó maravillado por la atención que le prestó el doctor Daniel Stumbo para que pudiera seguir jugando, y a partir de ahí, la medicina se cruzó "para siempre" en su vida.

Sacha Casaña, durante un partido con el VRAC.  Sara Cabezas
Sacha Casaña, durante un partido con el VRAC. Sara Cabezas

Gracias a aquel traumatólogo, la medicina se convirtió en una prioridad. El rugby pasó entonces a un segundo plano, aunque en tono un tanto humilde admite que no se le daba "nada mal". Tan es así que debutó con el primer equipo con todo lo que eso acarrea de popularidad. La primera consecuencia fue que le empezaron a llegar ofertas para ser jugador profesional, una de ellas del VRAC. "Las deseché todas porque quería acabar mi carrera en Argentina". Los vallisoletanos le volvieron a tirar los tejos en la temporada 2017/18, así que en enero se presentó en la capital castellanoleonesa donde jugó media temporada, porque al no poder compaginar sus estudios con el rugby, decidió regresa a Argentina. Ya cuando al año siguiente los vallisoletanos le dan todo tipo de facilidades fue cuando vio "la oferta con otros ojos".

En Argentina, la carrera de Medicina dura ocho años. Al no tener la EBAU, los alumnos tienen que estudiar un ciclo básico común antes de entrar en la universidad. Una vez concluido y aprobadas todas las asignaturas, tienen tres años teóricos, otros tres clínicos en hospitales y el octavo es de prácticas. Como el VRAC le dio la oportunidad de ser jugador profesional y compatibilizar sus prácticas en un hospital universitario -en este caso el Hospital Clínico Universitario de Valladolid-, decidió regresar a España. Finalizadas las prácticas, pidió permiso al club para volver de nuevo a su país. Tenía que presentar lo que aquí se conoce como algo similar al Trabajo de Fin de Grado (TFG), y una vez validadas las prácticas y aprobado el examen final, ya había cumplido todos los requisitos para obtener el ansiado título de médico.

Su trabajo en la pandemia sin ver un euro

Eso ocurrió el 7 de febrero de 2020. A partir de ese momento se sucedieron las desgracias. De regreso a España volvió a entrenar hasta que empezó la pandemia y se decretó el estado de alarma. La competición se paró, y como se sentía médico, se ofreció para trabajar como voluntario. Llamó a la consejería de Sanidad, donde le comunicaron que ya estaba contabilizado como personal de refuerzo. "Insistí tanto en ayudar que hasta llegué a ofrecerme para atender al teléfono", recuerda. Al final, consiguió entrar en urgencias del hospital donde había realizado sus prácticas sin tener homologado su título. "Estaba todo el tiempo con un tutor que me dejaba hacer la historia clínica del paciente y realizarle un examen físico para comunicárselo todo a un médico adjunto que era el que tenía la última palabra", añade.

El problema es que durante los primeros meses de la pandemia los adjuntos se pasaban en día trabajando con los trajes EPI puestos en las denominadas zonas sucias de los hospitales, mientas que Casañas se dedicaba a atender a los pacientes con otro tipo de patologías que no fueran respiratorias. Así estuvo durante varias semanas, como voluntario, y sin cobrar ni un euro. "A día de hoy me sigue pareciendo que actúe bien porque la prioridad entonces no era el dinero, ya que mi mujer Alexia y yo aún no habíamos tenido a nuestra niña", afirma. Es más, reitera que sabía que podía ayudar a pesar de no tener homologado su título sin percibir un sueldo. "Tampoco lo pedí", sostiene.

Cuando la vida de los ciudadanos comenzó a normalizarse, el jugador argentino se reincorporó al club vallisoletano. "Tenía que ingresar ya algo de dinero en casa", espeta. En esa vuelta a la normalidad comenzó a percatarse de que, de la noche a la mañana, los médicos habían dejado de ser los héroes de la pandemia. Pese a todo, nunca perdió la esperanza de que agilizarían todo el papeleo que conllevaba homologar su licenciatura. Ahora, sin embargo, está un tanto frustrado.

Sacha Casaña es atendido tras una lesión de hombro.  Sara Cabezas
Sacha Casaña es atendido tras una lesión de hombro. Sara Cabezas

El calvario administrativo

En septiembre de 2021 comenzó a preparar el MIR por si de repente le llegaban buenas noticias. El tiempo pasaba y no tenía noticias, ni buenas ni malas. Al año siguiente lo mismo. "Otra vez a estudiar, pero es que es muy difícil hacerlo si uno no tiene una zanahoria a la cual perseguir", se lamenta. Pasaron los meses y todo eran trabas administrativas. "Es algo que no entiendo. ¿Por qué si todos los médicos argentinos de la Universidad de Buenos Aires tenemos el mismo plan académico, unos ya han conseguido la homologación y otros todavía no?" Tras las elecciones generales del año pasado hubo una fusión del Ministerio de Universidades con el de Ciencia e Innovación, y ni por esas. Mientras se resolvía su situación, Casañas aprovechó el tiempo para cursar un máster de Medicina Deportiva. Ya en abril, después de 29 meses de haber presentado su solicitud, recibió su primer requerimiento para comunicarle que le faltan papeles.

El argentino comprobó de nuevo toda la documentación que entregó en su día al Ministerio de Universidades. Para él era suficiente para acreditar su título en medicina, una cuestión que, por lo visto, no opinan igual en el Ministerio. Allí estaba incluido un certificado donde se recogía su titulación como médico en Argentina que le había entregado la Universidad de Buenos Aires (UBA) con la fecha de 7 de febrero de 2020 con su expediente académico correspondiente. "Todo estaba en orden y legalizado por la universidad, el Ministerio de Educación argentino y por cancillería, que es la postilla de La Haya", recalca. Incluso se cercioró de haber pagado todas las tasas académicas "porque si falta un centavo ya sé que esto no avanza". Si algo le da más coraje que la lentitud de la administración, es leer que en España hay falta de médicos, que se cancelan las cirugías o que se posponen muchas citas porque los médicos se van de vacaciones, mientras que a él, no se le permite trabajar.

El único dinero que ahora mismo entra en su casa es por su actividad como profesional del rugby, aunque para su desgracia, lleva trece meses de baja por una lesión en su rodilla. Se rompió el hombro durante el partido de cuartos de final de la Liga de División de Honor que disputó su equipo el 21 de mayo de 2023 en el Pepe Rojo frente al Ordizia. Pese a todo, se empeñó en jugar dos semanas más tarde la final donde vencieron al Recoletos Burgos. A mitad de aquel partido, Casañas quedó tenido en el suelo. Su rodilla estaba destrozada. En estos últimos meses se ha sometido a dos intervenciones quirúrgicas y puede que en breve regrese al quirófano para bloquear algunos nervios de la articulación con el fin de atenuar el dolor. Y es que desde que se partió su rodilla no puede casi ni moverse. "No puedo ni subir unas escaleras".