TENIS

El campeón de Roland Garros que escapó de la violencia en El Salvador: "En mi colegio había niños con cuchillos"

Marcelo Arévalo, campeón en dobles, desvela en Relevo las dificultades que ha encontrado por ser de El Salvador.

Marcelo Arévalo, el campeón de Roland Garros 2022 en la modalidad de dobles. /Instagram de Arévalo
Marcelo Arévalo, el campeón de Roland Garros 2022 en la modalidad de dobles. Instagram de Arévalo
Nacho Encabo

Nacho Encabo

Marcelo Arévalo se ha convertido este año en uno de los mejores doblistas del mundo. Campeón de Roland Garros y de otros tres títulos más junto a Jean-Julien Roger, su temporada ha sido tan buena que acabó clasificándose para las ATP Finals de Turín. "Recuerdo que mi padre me hacía ver de pequeño el torneo por televisión, lo llamaba el torneo de maestros", rememora.

Ahí, frente a un televisor en una modesta casa de Sonsonate, un pueblo de El Salvador, comienza una historia de película. De cómo veía a chavales de diez años yendo a su colegio con cuchillos hablando de drogas y armas. De cómo siendo uno de los mejores jugadores juniors del mundo no encontraba un solo patrocinador ser salvadoreño. De cómo tuvo que renunciar por un tiempo a ser profesional porque el dinero en casa no daba para tanto viaje. De cómo un niño creció en un país sin ninguna tradición de tenis hasta ganar un Grand Slam. Y de cómo quiere aprovechar todo ese bagaje para llevar esperanza a los niños de El Salvador, su país, un lugar que todavía tiene en la violencia su gran lunar.

"Las cosas están cambiando. Llevamos casi 30 días sin un asesinato", dice orgulloso el número seis del ranking mundial de dobles en una entrevista con Relevo en Turín durante las ATP Finals. "Yo soy made in El Salvador".

¿Cómo se empieza a jugar al tenis en un país con nula tradición como El Salvador?

Mi padre jugaba al tenis socialmente e íbamos los domingos a un club cerca de la playa. Él jugaba con sus amigos y nos acabó involucrando a mí y a mi hermano. Éramos de Sonsonate y el club de playa nos quedaba a unos 20 minutos de donde vivíamos. Mi hermano (Rafael Arévalo, que llegó a jugar ante Roger Federer en los Juegos de Pekín 2008) era cuatro años mayor que yo y fue él el que empezó. Yo seguí sus pasos.

¿Es fácil ser tenista en El Salvador?

Nuestro país no tiene mucha cultura deportiva y mucho menos de tenis. Todavía se dice que es un deporte elitista. No hay canchas públicas para practicar y si quieres jugar, tienes que ser socio de un club o tener algunos recursos básicos para poder pagar el uso de una cancha. Cuando comencé a sobresalir en algunos torneos internacionales, obviamente me sentía extraño y a la vez un poco triste. Siempre viajaba con mexicanos o sudamericanos y ellos siempre andaban con otro amigo de su mismo país, jugaban dobles, entrenaban juntos... Yo eché de menos tener a alguien de mi mismo país con el que compartir esa hoja de ruta, ese mismo sueño. Con el paso de los años se fue haciendo normal.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en el tenis?

Tuve una buena carrera júnior y llegué a ser ocho del mundo júnior. Después quise jugar tenis profesional, gané un par de torneos futures, me metí 450 del ranking. Cuando tenía que tomar la decisión para el año siguiente, mi papá se sentó conmigo y me dijo que las cosas estaban un poco difíciles. Me preguntó si veía la posibilidad de conseguir una beca en Estados Unidos para conseguir un patrocinador mientras yo estudiaba. No era lo que yo quería, pero al final le hice caso a mi padre y me fui a la Universidad de Tulsa en Oklahoma, donde estuve dos años. En enero de 2012 comencé a jugar profesional de nuevo y ahí estuve hasta 2019, cuando decidí que jugaría solo dobles.

¿Le costó encontrar patrocinadores por ser salvadoreño?

Es uno de los retos más grandes que he tenido. Desde que yo era júnior, veía a chicos que estaban detrás mío en el ranking y les veía vestidos todos enteros de Adidas, Nike o Reebok. Yo llevaba la camiseta de una marca, los pantalones de otra, las zapatillas de otra diferente.... La respuesta de los patrocinadores era siempre la misma: en El Salvador no hay un mercado como para invertir ahí. No era atractivo para las marcar y no iban a vender más.

No hay muchos deportistas famosos de El Salvador...

Jorge el Mágico González, ¡la culebra macheteada! Sí, huevón, le llamaban la culebra macheteada en el Cádiz, un genio (le dice a su entrenador, Carlos Teixeira).

El Salvador tiene una fama de país pobre y violento. ¿Qué puede hacer el deporte y qué podéis hacer los deportistas en ese sentido? ¿Puede ser un vehículo para cambiar dinámicas?

Es un país que tal vez no tiene las condiciones de primer mundo, pero en los últimos años ha cambiado mucho. Teníamos fama de tener mucha violencia y sí es verdad que fue el país más violento y más peligroso del mundo. Ahora llevamos casi 30 días sin ningún asesinato. Eso es positivo para nuestro país. No somos Suiza, está claro, pero los deportistas podemos aportar mucho. Una de las causas principales por las que se crearon muchas de estas pandillas era porque no tenían un camino que seguir, no había una educación por la cual seguir un camino. Si no tienes esa dirección, si no hay ayudas del gobierno, de tu familia, puedes irte por el camino malo. Las pandillas se fueron creando por la pobreza y la necesidad de comer.

¿A ti te tocó de cerca la violencia?

Yo tuve la suerte de nacer en una familia donde tal vez las cosas no sobraban pero tampoco faltaban. En el mundo del tenis uno se junta con otro tipo de clase social, de perfil. Al principio iba a un colegio público y ahí veías cosas. En mi colegio había niños de 11 años que llegaban con cuchillos, hablando de armas y de drogas, pero como era algo que nunca había visto en mi casa no me llamaba la atención. Con 12 años me salí del colegio para perseguir mi sueño de ser tenista profesional.

¿Qué puede hacer Marcelo Arévalo por cambiar las cosas?

Uno de mis sueños es dejar un impacto en la sociedad, en los niños, hacerles creer, motivarles. Si yo, Marcelo Chelo Arévalo, de una ciudad pequeña como Sonsonate, pude salir adelante y cumplir mis sueños, ellos también lo pueden hacer. No es decirlo y se va a cumplir. Es un proceso largo de trabajo, disciplina, dedicación y consistencia. Los atletas tenemos que dar esa esperanza a los niños para que se involucren más en el deporte y puedan cambiar sus vidas mediante el deporte.