TENIS

Nadal avisó hace años pero pocos le hicieron caso: el tenis en tierra batida cada vez importa menos

La superficie naranja pierde peso en el calendario. En 1994 se disputaron 34 torneos y en 2024 habrá únicamente 21, el dato más bajo desde que se creó el ATP Tour.

Rafael Nadal, tras perder las semifinales de Roland Garros 2021 ante Djokovic. /Christophe ARCHAMBAULT / AFP
Rafael Nadal, tras perder las semifinales de Roland Garros 2021 ante Djokovic. Christophe ARCHAMBAULT / AFP
Nacho Encabo
Sebastián Varela
David Acosta

Nacho Encabo, Sebastián Varela y David Acosta

El 1 de marzo de 2015, un rato después de arrasar por 6-4 y 6-1 a su buen amigo Juan Mónaco en la final, Rafael Nadal se sentó delante de la prensa en el Buenos Aires Lawn Tennis Club y pronunció una frase cargada de crítica. "Si no hacen algo, los torneos en tierra desaparecerán. El calendario debería cuidar las superficies históricas. Cuando hay tanto jugador que se lesiona, es por algo".

Han pasado casi diez años desde que aquella reflexión saliera de la boca del mejor jugador de la historia de la tierra batida, con todo lo que eso implica, y sobra decir que los torneos en la superficie naranja no han desaparecido. Pero el español no iba desencaminado en su vaticinio: el tenis en arcilla cada vez importa menos. Y eso supone un drama para España y los países latinoamericanos, cuna de algunas de las mayores leyendas en tierra batida. Nadal, Guga Kuerten, Guillermo Vilas o Sergi Bruguera son sólo algunos ejemplos.

Este lunes arranca en Montecarlo el primer gran torneo de la gira europea que culminará en Roland Garros a principios de junio. Son prácticamente los únicos dos meses en los que la tierra es la protagonista absoluta. El resto del año, salvo Wimbledon y los torneos previos de hierba, la pista dura domina el calendario.

A Montecarlo le seguirán el ATP 500 de Barcelona y los Masters 1000 de Madrid y Roma antes de Roland Garros, el único de los cuatro grandes que se celebran en tierra. Entre medias, habrá otros cuatro ATP 250 (Múnich, Bucarest, Génova y Lyon), la categoría más baja del circuito profesional. En febrero está la gira latinoamericana y en julio hay otros torneos en el Viejo Continente, pero esos dos tramos coinciden con torneos importantes en pista dura como Rotterdam, Dubái, Acapulco y Washington.

Además, a partir de 2025 la gira de Latinoamérica -que un día soñó con tener un Masters 1000- perderá uno de sus 250, el de Córdoba, mientras que de los tres torneos que escalarán de categoría de 250 a 500, dos (Dallas y Doha) son en pista dura y compiten justo en fechas con la Golden Swing latinoamericana. El otro es Múnich.

Esto es una muestra más de que el tenis camina desde hace años hacia un deporte mucho más homogéneo. La fuerza y la velocidad están dejando a un lado la táctica y apenas hay jugadores que se salgan de la norma. "A mí me gusta un juego más estratégico que todavía se puede ver un poco en pista de tierra, pero claro, la tierra son dos meses al año hasta Roland Garros. Después hay tierra, pero la parte importante es esa", decía estos días Toni Nadal, cansado del tenis de pura fuerza. "El que pega primero pega dos veces y es un poco lo que decía Tyson de 'Todo el mundo tiene una buena estrategia hasta que le pego la primera castaña'".

CADA VEZ HAY MENOS TORNEOS DE TIERRA BATIDA EN EL CIRCUITO

Los datos no mienten. Hace exactamente 30 años, en 1994, se disputaron 34 torneos en tierra batida, lo que suponía el 37% del total. En aquel año, hubo 32 torneos en pista dura, el 35%. Tres décadas después, en 2024 se disputarán 21 eventos en tierra (31%) y 38 en dura (56%).

"En la pista rápida están los puntos para llegar a ser top ten. Rafa, por ejemplo, ha sobrepasado límites en tierra, pero es de los mejores de la historia en pista rápida", argumenta a Relevo David Ferrer, ex top ten y actual capitán español del equipo de Copa Davis.

Alcaraz se piensa si volver a Latinoamérica

El hecho de que la tierra haya ido perdiendo peso en el calendario ha provocado que en España ya se empiece a cambiar la metodología de entrenamiento. "Cuando éramos pequeñas se entrenaba la mayor parte del tiempo en tierra batida", recuerda Conchita Martínez, campeona de Wimbledon en 1994. "Con los años todo ha ido evolucionando y el juego se tiene que adaptar a jugar en dura. En las escuelas ahora se está enseñando eso, a jugar más plano, con más potencia, puntos más cortos..."

Carlos Alcaraz es el ejemplo perfecto de este nuevo prototipo de jugador español: aunque se crio en la tierra, seis de sus 13 títulos los ha conseguido fuera de la superficie naranja. Es una tendencia que se observa perfectamente en un dato -en Roland Garros 2023 se registró el peor dato de España en 33 años- y en el siguiente gráfico.

PORCENTAJE DE TÍTULOS DEL TENIS ESPAÑOL EN TIERRA BATIDA

La dura manda y Alcaraz toma nota. Mientras que en los últimos años ha optado por jugar la gira latinoamericana, haciendo paradas en Buenos Aires y Río de Janeiro, hay muchas dudas sobre el futuro. "Es algo que iremos viendo más adelante, pero sí es cierto que en algún momento me gustaría que hiciera la gira de pista rápida, a él se le puede dar muy bien. Y no cambias la superficie tras Australia para luego volver a cambiar y otra vez luego volver a tierra. En algún momento cambiaremos", anticipó ya su entrenador, Juan Carlos Ferrero, en una entrevista con Clay reproducida por Relevo.

Pero Alcaraz no deja de ser una excepción. Es un tenista de ganar en cualquier superficie y ante cualquier rival. Sin embargo, mucho tenista español de segunda línea suspira para que la tierra batida vuelva a ser lo que era. "Para nosotros es un drama que no haya más torneos en tierra", decía en enero en Australia Bernabé Zapata, un tenista al que se le da especialmente mal la pista dura. "Ahora mismo si quieres jugar en tierra después de julio te tienes que bajar a los challenger, con todo lo que eso implica".