Cómo han evolucionado las raquetas de tenis a lo largo del tiempo
Entre las que se fabricaban con madera en los primeros pasos del deporte y las que hoy utilizan materiales compuestos, hay un largo recorrido.

Las raquetas de tenis han cambiado mucho a lo largo de la historia de este deporte. Se fueron amoldando a las necesidades de los profesionales en función de las nuevas exigencias planteadas por la evolución del juego. Y la aparición de materiales más adecuados fue clave en ese proceso.
¿Cómo eran las primeras raquetas de tenis?
Las primeras raquetas de tenis tomaron prestado su diseño del "tenis real", uno de los primeros deportes de raqueta conocidos (se jugó a partir del siglo XVI), practicado exclusivamente por la élite. Eran de una sola pieza de madera, tenían el mango muy largo y un cordaje flojo en diagonal. Ya en el siglo XIX se separó el mango del cordaje, que comenzó a ser vertical y horizontal como sigue siéndolo hoy.
Las raquetas de madera y su salto al acero
Las raquetas fueron de madera con empuñadura de cuero y cuerdas de tripa desde los inicios del tenis profesional, en 1926, hasta la década del '60. Con cabeza ovalada y el nexo con el mango diseñado con forma cóncava, se empezaron fabricando a partir de un listón curvado y luego se usaron varias láminas delgadas, más fácilmente moldeables y encoladas entre sí. Ese sistema multilámina, denominado ply en inglés, fue obra de Dunlop. Y su éxito resultó apabullante entre los años '30 y '80 del siglo pasado. La Maxply de Dunlop fue una de las más utilizadas, empezando por el mítico Rod Laver.
Una curiosidad de este tipo de raquetas fue el modelo de Slazenger PM Way Fred Perry, diseñada por el propio Fred Perry y por Dan Maskell, del All England Club Wimbledon. Fue la única raqueta con instrucciones de uso impresas en la madera: explicaba el mejor empleo para saque, derecha y revés.

En 1967 apareció la primera raqueta de acero diseñada por el jugador Arthur Ashe. Fabricada por Head, era más fuerte y más liviana que las de madera. Ya en los años 70 surgieron las raquetas de aluminio que ofrecían menor peso, más potencia y control. Algunos fabricantes pensaron que los marcos de metal ayudarían a superar el problema de la deformación de la madera debido a la humedad, pero no tuvieron éxito porque esos modelos tenían menos amortiguación (el jugador sentía vibraciones más fuertes si golpeaba mal la pelota) y el marco dañaba las cuerdas de tripa natural en el punto de contacto.
La Dayton Steel Racket Company, una empresa de los Estados Unidos, intentó usar cuerdas de metal más duraderas, pero cuando observaron que afectaban la cubierta de fieltro de la pelota y eran propensas a oxidarse, dejaron de lado la idea. De todos modos, la raqueta metálica que introdujo René Lacoste en 1965 había dado buenos resultados: 46 títulos de Grand Slam, entre 1966 y 1978, una estadística que alentó a que Wilson se sumara a la tendencia.
La era “Open” y las raquetas compuestas
El comienzo de la era "Open" en abril de 1968, cuando los tenistas profesionales comenzaron a competir por premios en efectivo, fue un factor clave para el rápido desarrollo de las raquetas de tenis. En esos años aparecieron los modelos con marco de madera reforzados con fibra de vidrio (la Challenge Power, de Slazenger, que usaban Iván Lendl y Björn Borg, y la Kramer Cup, de Wilson, por ejemplo).
Ya en los años '70, los ingenieros de raquetas estaban experimentando con una variedad de materiales: madera, compuestos reforzados con fibra, aluminio y acero. Una raqueta clave de este período fue la Classic de Prince, basada en una patente de 1976 de Howard Head. Era de aluminio, con una una cabeza mucho más grande pero más ligera que sus predecesoras de madera. Se utilizaron ojales de plástico para superar el problema del daño de las cuerdas (ahora sintéticas) que provocaban las raquetas de metal anteriores. La Classic sentó las bases para la raqueta de tenis moderna. Como las cabezas empezaron a fabricarse cada vez más grandes, la Federación Internacional de Tenis limitó su tamaño en 1981 con la intención de que el juego no se desnaturalice.
En la década del '80 las raquetas de tenis de gama alta se empezaron a fabricar con materiales compuestos reforzados con fibras (grafito -o fibra de carbono-, fibra de vidrio y aramida -una fibra sintética muy resistente-). La ventaja de estos modelos era su alta rigidez y la versatilidad que permitían, sobre todo en relación a las formas. Mientras que las raquetas de madera tenían secciones transversales pequeñas y sólidas, las raquetas de material compuesto contaban con secciones grandes y huecas que ofrecían una gran rigidez y una masa reducida.
La mayor libertad de diseño que ofrecen los compuestos se demostró con la introducción de las raquetas de "cuerpo ancho" como la Profile que Wilson lanzó a fines de los '80. Las raquetas de cuerpo ancho tienen secciones transversales más grandes alrededor del centro del marco y ofrecen mayor rigidez en la zona de máxima flexión.
En esta época resurgieron las aperturas de garganta o de cuello en las raquetas. La V-24 de Slazenger que usó Guillermo Vilas en 1983, de madera reforzada con grafito, o los modelos de Adidas: Mistral (madera y fibra de vidrio), Aquilon (madera, carbono, grafito) y Sirius (madera y grafito). Rossignol también probó con la C12 Graphite de madera reforzada con láminas de grafito y con cuello.

La mayor rigidez de las raquetas compuestas, vale la pena señalarlo, implica menor pérdida de energía con las vibraciones en el momento del impacto y permite golpear la pelota más rápido. Una raqueta moderna y liviana con un swingweight más bajo es mucho más fácil de manejar (el swingweight mide el peso de la raqueta en un swing; con las raquetas de swingweight más alto el golpe se complica un poco, pero también proporcionan más potencia y estabilidad en el momento del impacto).
Las raquetas de tenis compuestas más modernas se fabrican mediante procesos intensivos que no son muy respetuosos con el medio ambiente. Los cordajes son hoy de monofilamentos, poliéster u otros polímeros.
Algunos fabricantes han explorado el diseño de raquetas con materiales más sostenibles, como los compuestos de fibras naturales y recicladas. Pero actualmente la mayoría se fabrican con fibra de vidrio o con hipercarbono, un material ligero y muy resistente. El mango es de fibra de carbono, con un hueco en el diseño que ayuda a evitar vibraciones al golpear la bola.
¿Cuáles son las medidas oficiales de una raqueta de tenis?
La longitud de una raqueta es la distancia entre el extremo del mango y la punta de la cabeza de la raqueta. La longitud total de las que usan los profesionales adultos varía entre los 67 y 73 cm, estandarizándose con los años y con toda la evolución que han sufrido.
La Federación Internacional de Tenis (ITF, por sus siglas en inglés) establece una serie de reglas y especificaciones para las competiciones oficiales: una raqueta de tenis no puede superar los 73,66 cm (29 pulgadas) de longitud, ni exceder los 31,75 cm (12,5 pulgadas) de anchura. Estas dimensiones se miden sin contar el cordaje de la raqueta. Además, la raqueta no puede tener una superficie de golpeo mayor a 645 centímetros cuadrados (100 pulgadas cuadradas).