OPEN DE AUSTRALIA

De Miñaur es la última víctima de una 'eterna' maldición que sobrevuela los Grand Slams

Con la eliminación del tenista australiano, son ya 48 años sin que un local gane en Melbourne. Sucede algo muy similar en Roland Garros, Wimbledon y el US Open.

Álex De Miñaur, de naranja, saluda a Andrey Rublev tras caer derrotado en la Rod Laver./EFE
Álex De Miñaur, de naranja, saluda a Andrey Rublev tras caer derrotado en la Rod Laver. EFE
Daniel Arribas

Daniel Arribas

Lo intentó con todo, pero no fue suficiente. El australiano Álex De Miñaur, número 10 del mundo a sus 24 años, ha caído este domingo en cinco sets ante Andrey Rublev, quinto del ránking (6-4 6-7 (5) 6-7 (4) 6-3 6-0), y ha dicho adiós al Open de Australia en octavos de final, su techo en las tres últimas ediciones.

El de Sídney, de padre uruguayo y madre española, no ha sido capaz de superar su mejor resultado en Melbourne y responder a los ánimos enfervorecidos de los casi 15.000 espectadores que se han agolpado este domingo en la Rod Laver para animar a su mejor representante. Aunque no debería extrañarnos.

La última vez que un tenista australiano alzó el trofeo de campeón en Melbourne fue en 1976, hace ya 48 años, cuando el torneo aún se disputaba sobre hierba. Aquella edición concluyó con una final entre dos tenistas locales: John Newcombe, campeón en la edición anterior y en la de 1973, así como en Wimbledon (1967, 1970 y 1971) y el US Open (1973); y Mark Edmondson, doblista de enjundia y, con 22 años, aún sin majors en su palmarés.

Contra todo pronóstico, el joven Edmonson se impuso en cuatro sets (6-7, 6-3, 7-6 y 6-1) a su compatriota, diez años mayor, y levantó el único Grand Slam de su carrera individual en una pista central en la que, curioso, había numerosas butacas vacías, muy lejos de lucir el lleno habitual en las finales del tenis moderno.

Una maldición que va más allá de Australia

Si en el primer Grand Slam de la temporada hay que retroceder casi medio siglo para rescatar el último campeón local, en Wimbledon la sequía es aún mayor. Londres no ve un inglés triunfando sobre la inmaculada hierba del All England Lawn Tennis & Croquet Club desde que Fred Perry se proclamara campeón del torneo en 1936, cuando venció en la final al alemán Gottfried von Cramm (6-1, 6-1, 6-0)... ¡hace 88 años!

Bien es cierto que este dato puede tener un asterisco, y es que el británico Andy Murray, nacido en Glasgow (Escocia) pero considerado local por el público de Wimbledon, ganó las ediciones de 2013 y 2016, así como la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012, cuyo cuadro tenístico también se disputó sobre la hierba del club londinense.

En Francia, la maldición de la localía también perdura, y es que desde 1983 ningún tenista galo consigue alzar la Copa de los Mosqueteros al cielo de París. Aquel año lo hizo Yannick Noah, padre del jugador de la NBA Joakim Noah y considerado la mejor raqueta francesa de la historia. Noah consiguió ganar el único grande de su carrera tumbando a Mats Wilander en tres sets (6-2, 7-5, 7-6).

En Nueva York, donde cada final de verano se celebra el US Open, último grande de la temporada, la sombra de la localía también es cada vez más prolongada, aunque no tanto como en el resto de Grand Slams. Ningún estadounidense gana allí desde 2003, cuando Andy Roddick, por entonces líder del ránking ATP, ganó a Juan Carlos Ferrero por 6-3, 7-6(2), 6-3.

¿Cuándo se romperá la racha? O mejor dicho, ¿se romperá? Lo cierto es que De Miñaur parece, al menos de momento, el australiano mejor colocado para cortar la maldición en Melbourne, aunque su nivel no se pueda equiparar aún al de tenistas como Djokovic, Alcaraz, Medvedev o Sinner.

En Francia, muchos han sido los que han tratado de ocupar el puesto de héroe nacional, pero nunca con éxito. El veteranísimo Adrian Mannarino, 19º del ranking, y Ugo Humbert, 20º, son los mejor colocados de la tabla individual, pero en ningún caso se piensa en ellos como futuros vencedores de Roland Garros. Algo similar sucede en Estados Unidos, aunque el optimismo generalizado invita a pensar que tal vez Taylor Fritz (12º), Tommy Paul (14º), Ben Shelton (16º) o Frances Tiafoe (17º) puedan, algún día, dar la campanada en el US Open.

En cualquier caso, habrá que esperar.