Por qué las pelotas de tenis son amarillas
Históricamente eran blancas o negras, pero se demostró que había otro color que podía distinguirse mejor sobre las pistas.

Las pelotas de tenis son elementos fundamentales en el mundo de este deporte, no solo por su función principal de facilitar el juego, sino también por las características que las hacen únicas. Desde su origen hasta su evolución actual, las pelotas de tenis han experimentado cambios significativos, y uno de los aspectos más destacados es su color distintivo. Además de su icónico tono amarillo, las pelotas de tenis han sido diseñadas meticulosamente para cumplir con estándares específicos de peso, tamaño y rebote, contribuyendo así a la dinámica y competitividad del juego.
El origen de las pelotas de tenis está en el siglo XIV cuando unas bolsitas con pelo eran golpeadas por la gente de la época, en lo que se conocía como 'Jeu de Paume'. Su evolución estuvo marcada por el uso de materiales animales y ya a finales del siglo XVIII por llevar caucho. Durante unos años no evolucionaron nada. Su color era blanco o negro, aunque un estudio de la Federación Internacional de Tenis en 1972 cambió para siempre esta norma.
¿Por qué las pelotas de tenis son amarillas y tienen pelo?
En el citado estudio de la Federación se demostró que el color amarillo era mucho más visual y que podía distinguirse mejor sobre el juego y para los espectadores, independientemente de cuál fuera la pista. Por ejemplo, en tierra batida el color de la cancha es naranja, en pista rápida es azul y en hierba es verde. En cambio, a quien no convenció fue al torneo de Wimbledon, el más antiguo de esta disciplina deportiva. El circuito británico quiso seguir fiel al uso del color blanco y sus pelotas siguieron siendo blancas, aunque en 1986 decidieron cambiar y unificarse con el resto de los torneos. De este modo, además de mejorar el juego de los deportistas también lo hacía para la transmisión televisiva al ser más visible en pantalla.
El tamaño de las pelotas de tenis profesionales varía entre 6,54 y 6,86 centímetros de diámetro, con un peso que oscila entre 56 y 59,4 gramos. El revestimiento exterior de las pelotas está compuesto por fibras o pelos que aumentan el agarre y la fricción con la superficie, permitiendo un mejor control durante el juego. Además, estas fibras influyen en la aerodinámica de la pelota al crear turbulencias en el aire, proporcionando estabilidad en vuelo y favoreciendo los golpes con efecto, como el top spin o el slice, fundamentales en el tenis para lograr movimientos precisos y estratégicos.