WIMBLEDON

Carlos Alcaraz, maestro del quinto set: "El otro tiene que estar muy bien si quiere ganarme"

Ha ganado 12 de las 13 veces que el partido se alargó hasta la quinta manga.

Alcaraz pega a la bola en el partido contra Tiafoe./AFP
Alcaraz pega a la bola en el partido contra Tiafoe. AFP
Gonzalo Cabeza

Gonzalo Cabeza

La estadística no miente, Carlos Alcaraz ha llegado en su carrera 13 veces al quinto set y solo en una de ellas perdió el partido. Cuando el encuentro se alarga, sus posibilidades van creciendo. Es un maestro de jugar en medio del cansancio. "Pues que siga la racha", dice al final de su rueda de prensa, contentísimo como está.

Resumen de la victoria de Alcaraz. REUTERS

Antes de eso ha explicado lo que significa para él empujar el encuentro hasta esa distancia. "Me siento muy bien físicamente, en el quinto subo mi nivel, sentirte bien físicamente te ayuda a estar más calmado que el rival. Física y mentalmente, sé que el otro jugador tiene que jugar muy bien el quinto para ganarme y eso me ayuda a jugar mejor", relata el murciano.

Hay algo de físico, evidentemente, también un tema de autoconfianza. Claro que cómo no la va a tener en ese punto tan emocional si ha hecho de la victoria una rutina. "Siempre he creído en mí mismo, pero honestamente, cuando vi que llevaba cinco o seis victorias y solo una derrota es cuando me di cuenta de que soy mejor que los demás, no hay un punto concreto", explica. Todo esto tiene, por supuesto, también una parte psicológica en el rival.

Del mismo modo que Alcaraz es consciente de su capacidad para sacar adelante esas situaciones difíciles, los rivales también tienen presente esa cifra. "Yo les obligo a jugar al 100% física y mentalmente, que jueguen al 100% al tenis. A veces para el otro jugador es difícil mantener ese tipo de intensidad durante el quinto. En mi cabeza yo estoy pensando que soy bueno en eso y que voy a ganar, que voy a jugar a mi mejor nivel. Siempre que he jugado un quinto set he estado muy cerca de mi mejor nivel", señala.

Alcaraz tiene una capacidad evidente para subir el nivel y esa, paradójicamente, es quizá su mayor debilidad. Que no siempre es capaz de ser su mejor versión. Dentro de un mismo partido puede ser deslumbrante y desordenado de manera consecutiva.

"He aprendido mucho en lo de perder la concentración, ahora creo que no hay tantos altibajos en el partido, me mantengo en un nivel muy alto de concentración durante todo el partido. A veces hay partidos en los que me cuesta más coger el ritmo, pero cada vez pasa menos. Tengo que centrarme en cada partido e intentar mejorar", explica. Si se tiene en cuenta que tiene 21 años, el hecho de que en ocasiones baje un poco el pistón no parece tan terrible. En ocasiones, eso sí, es una maldición. Le ocurrió ante Tiafoe, los ratos en los que no estuvo a tope vio cómo el partido se le escapaba.

¿Dependen esos altibajos del rival? "Es algo que te pasa a ti mismo. Obviamente si el rival está jugando muy bien es más difícil, pero si no juegas a un gran nivel tienes que mantenerte duro, buscar el mejor ritmo y cuando lo coges no bajar. Eso es lo que tengo que mejorar, porque hice un muy buen segundo set pero en el tercero hubo juegos que no jugué a ese nivel, no puedes dejar que eso pase, seguir en un nivel alto de concentración e intensidad".

La clave, en todo caso, es que sobrevivió. Sigue en pie y los rivales pueden pensar que ahora, tocado, es incluso más peligroso: "Para mí es muy bueno sacar estos partidos, situaciones difíciles que me hacen crecer. Me considero un jugador que mejora ronda a ronda, voy cogiendo las cosas que quizá ha hecho mal y obviamente los jugadores al ver este tipo de partidos, hablo por mí, piensas que va a ir creciendo y eso es lo que intentamos, meterles ese miedo de cara a las siguientes rondas", zanja.