Dinero, raqueta, patatas y Wimbledon: ahora sí lo tienes todo, Carlitos

Con cien pelas te comprabas veinte chucherías. Qué tiempos. Con lo equivalente ahora en euros, unos 60 céntimos, te da para bastante menos. Algunas tiendas incluso te las cobran al peso. No todo ha ido a mejor, que no nos engañen.
Los niños somos -éramos- felices con poco. Mi hijo tiene una hucha que va llenando con las monedas que le dan sus abuelos y siempre me pregunta que si con lo que hay ahí dentro se puede comprar una moneda de chocolate. "Y alguna más", le respondo. Ahora en vacaciones cogeremos unas monedas de verdad e iremos a comprar monedas de chocolate, que son las que les gustan a los niños.
Cuando Carlos Alcaraz era (todavía más) un niño, también tenía esa visión de la vida. Sin filtros, sin desamores, sin decepciones. El 29 de diciembre de 2014, con 11 años, subió una foto a su cuenta de Instagram que resume a la perfección la infancia. Una bolsa de Cheetos Sticks, aquellos que sabían gloria bendita, otra de Ruffles sabor jamón, una raqueta y una moneda. Todo en la mesa de un bar cualquiera de El Palmar. "dinero raqueta patatas lo tengo todo jaja", escribió Carlitos aquel día.
¿Quién no es feliz con eso? Qué más quieres. La vida te sonríe, chaval. Pero, claro, uno va creciendo, madura -eso dicen- y las cosas cambian. Los Cheetos y las monedas de chocolate van perdiendo importancia. Empiezas a valorar más a los tuyos y notas las sacudidas propias de la vida. Ese ser querido que te deja antes de tiempo, esa novia que te abandona... También llegan alegrías.
Yo me imagino pocos momentos más felices para un tenista que la primera vez que ganas en Wimbledon. Todavía recuerdo a Nadal tirado en esa pista que era más tierra que césped y a su tío Toni llorando. Este domingo he visto esa misma imagen: Alcaraz rebozándose en la central y a Ferrero entre lágrimas. El tiempo dirá si este muchacho de Murcia alcanza algún día los hitos de Nadal. Los mimbres los tiene, de eso no hay dudas.
No me escondo: admito que confiaba poco en la victoria de Alcaraz este domingo. Pido perdón. Jugar ante Djokovic en una final de Wimbledon me parecía una montaña demasiado alta. Pero tengo gente muy cercana que sí confiaba, soldados de Carlitos. Cuando este domingo he cogido la mochila y le he dicho a mi hijo que me iba de casa, se pensaba que me iba a jugar al tenis. Así que he aprovechado y le he preguntado: "Si juego yo contra Alcaraz, ¿quién crees que gana?" La respuesta ha sido una palabra: "Carlitos". Los niños quieren mucho a sus padres y cambiarían casi cualquier cosa por una moneda de chocolate y una bolsa de Cheetos, pero su inocencia tiene un límite. Ahora sí que lo tienes todo, Carlitos.