¿Un mes sin dormir comiendo en cuencos de perro? The Ocean Race enseña la cara más dura de la vela
Dormir en guardias de 3 horas, comer alimentos deshidratados en cuencos de perro, un mes sin ducharse... Las dura vida a bordo.

En estos momentos, cinco veleros de la clase IMOCA, los mejores barcos oceánicos de la actualidad, están navegando por el temible Océano Sur disputando la etapa más larga de la historia de The Ocean Race. Cuatro de ellos van rumbo a Australia mientras que el quinto, el Guyot, marcha de vuelta hacia Sudáfrica porque tiene una deslaminación que podría llevar a su hundimiento si no lo reparan.
Este monumental etapa de 12.750 millas es una auténtica maravilla para los aficionados, que pueden ver desde su casa casi en tiempo real cómo sus ídolos luchan contra vientos huracanados y olas montañosas, pero… ¿y para los regatistas? ¿Lo que hacen es una prueba deportiva o una tortura?
Lo cierto es que cuando acaban una locura así, todos dicen lo mismo: durante el momento no se disfruta. Se sufre y mucho. Siempre hay un momento en que piensas que tu vida está en peligro, pero acaba la etapa, pasa el tiempo y siempre tienes ganas de volver. Tiene un punto masoquista, pero es así.
Hay grandísimos regatistas que ni siquiera lo intentan. Auténticos cracks de la navegación que prefieren dormir en una cama caliente y comer comida decente. Aquellos que sueñan con los Juegos Olímpicos y con la Copa América, pero no con las vueltas al mundo. Incluso los hay que se cansan de la vela oceánica, aunque por motivos diferentes a los de la dureza de la competición, como relataba en Relevo hace unas semanas Toño Piris. "Ahora me parece que tienes siempre una cámara encima de la cara y te está siguiendo todo el mundo al minuto, es como un estrés terrible".
De hecho, desde hace ya varios lustros todos los barcos que compiten en The Ocean Race llevan un reportero a bordo, que no puede ayudar a la navegación (para que el patrón no tenga la tentación de fichar a un regatista y darle una cámara de fotos) y su labor es enviar textos, fotos y vídeos para inmortalizar la travesía. Momentos complicados incluidos, que los hay y muchos. En la última edición de la regata la organización decidió pagar de su bolsillo a los reporteros ya que previamente, como cobraban de los equipos, había mucho contenido que no llegaba a tierra porque la última decisión la tenía al patrón.
En esta etapa, por ejemplo, las tripulaciones van a pasar más de un mes metidos en un cubículo minúsculo. No van a dormir nunca más de tres horas seguidas, ya que funcionan con un sistema de guardias para que el barco vaya siempre a máximo rendimiento. A mayores, van comer comida deshidratada en cuencos de perro compartidos, no pueden lavarse (ni ducharse, evidentemente), salvo que caiga algún chaparrón hacia el final cuando suban rumbo a Brasil, con lo que solo tienen toallitas de bebé asearse. Además, el hecho de ir empapados en agua salada provoca que las rozaduras y llagas que les salen en el cuerpo sean imposibles de curar.
Estos barcos se diseñan de la forma más robusta posible, pero lo más ligera al mismo tiempo, ya que así navegan más rápido. Por lo tanto, a bordo solo sube lo imprescindible. Tanta es la obsesión en este sentido que hay equipos que obligan a sus tripulantes a cortarle el palito al cepillo de dientes antes de subirlo a bordo.
Todo ello, evidentemente, les deja lastrados físicamente, pero la exigencia mental es aún más grande. Es más de un mes encerrado en un espacio mínimo, agotado y con cuatro rivales que están apretando a muerte con lo que no puedes bajar la guardia ni un segundo, con el peligro de morir si caes al agua.
De hecho, en la pasada edición falleció John Fisher, tripulante del Scallywag, que se precipitó al agua en el Pacífico Sur a 1400 millas de Cabo de Hornos y, pese al brutal esfuerzo de sus compañeros por rescatarlo, no pudo ser localizado. Otros cuatro regatistas ya sufrieron la misma suerte fatal desde que arrancara la regata hace ahora 50 años.
De momento, cinco barcos se acaban de meter en el infierno. Actualmente otro barco, el Team Malizia, estaba con problemas ya que habían sufrido una avería en la parte alta del mástil, aunque confían en repararlo en marcha.