EL FÚTBOL DE 'MENDI'

Los grandes de verdad, como Pelé o Messi, serían igual de buenos jugasen en la época que jugasen

Leo Messi y Pelé, en la gala del Balón de Oro de 2011/REUTERS
Leo Messi y Pelé, en la gala del Balón de Oro de 2011 REUTERS

La gran actuación de Leo Messi en el Mundial de Catar y la reciente muerte de Pelé nos ha devuelto a la actualidad el viejo debate sobre quién es el mejor jugador de todos los tiempos. Aunque bien podría sumar más comensales porque la historia nos ha dejado muchos más futbolistas extraordinarios, en la mesa del comedor de mi casa yo sentaría especialmente a cinco jugadores: Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Maradona y Messi y no perdería ni un segundo en buscar quién es mejor que otro. Simplemente disfrutaría de lo que cada uno ha supuesto en su momento para el desarrollo del fútbol mundial.

Comparto opinión con los que piensan que cualquier comparación entre ellos podría chocar con el muro de la justicia o la injusticia. Cada uno vivió en un periodo futbolístico diferente, con su propio estilo, pero no tengo ninguna duda de que cualquiera de los cinco destacaría en el resto de las épocas que no le tocó jugar. Los grandes, los que son buenos de verdad, los que alcanzan el nivel de perfección que estos futbolistas han alcanzado, podrían jugar en cualquier momento de la historia y bajo cualquier circunstancia.

En campos secos y en campos embarrados. Con balones de aquellos que parecían piedras y con los actuales, a los que da gusto golpear. Con marcajes al hombre o en zona. También daría lo mismo las botas que calzaran, ya fueran las del siglo pasado o estas de colores fosforescentes de ahora. Se dice que antes se jugaba a otra velocidad, que había más espacios y más dureza, pero no tengo ninguna duda de que Messi seguiría siendo Messi en aquellos tiempos de Pelé y Di Stéfano y que ellos dos tampoco tendrían ningún problema en ser ellos mismos en estos tiempos de espacios reducidos y donde la condición física ha mejorado enormemente por todos los elementos que se han ido incorporando a la preparación del futbolista.

Estos cinco jugadores que están en las mesas de todos los grandes especialistas tienen un punto en común: son todos futbolistas totales, muy activos, de varios registros. De esos que aparecen por muchas zonas del campo, con una amplia zona de influencia. Las imágenes que estamos viendo en los últimos días sobre Pelé, nos presentan un jugador que arrancaba desde el centro del campo y llegaba al área tirando sombreros a su paso, al parecer una de sus jugadas preferidas. De Di Stéfano también se dice que cuando su equipo lo necesitaba bajaba hasta su área para sacar el balón… y terminaba rematándolo.

Cruyff tampoco era un '9' al uso hasta el punto de ser el máximo exponente de ese fútbol total de los 70 que nos mostraron Holanda y el Ajax. Maradona necesitaba tanto estar en contacto con el balón y huir de los marcajes al hombre que le perseguían, que se movía por donde fuera menester sin olvidar que las diferencias las tenía que marcar en el área enemiga. El juego de Messi, que es el que tenemos más cercano, también ha pasado por todas las zonas de ataque. De partir de la banda a jugar por el centro, para en el presente ser lo que su equipo necesite en cada momento.

Leía el otro día en Relevo que Irureta, que fue mi entrenador en el Sestao, había marcado al hombre a Pelé y que le llamó la atención su fortaleza física. Decía que chocabas contra él y salías rebotado. Para mí, antes de conocer esta anécdota de Irureta, que le acercaba a mi mundo futbolístico, Pelé era el '10' de Brasil del Mundial del 70. Aquel Brasil del 'jogo bonito' que se permitía el lujo de jugar con cinco '10' y que cuatro de ellos aceptaban la realidad de que Pelé solo había uno y ellos tenían que jugar por otras zonas del campo: Jairzinho y Rivelino por las bandas, Gerson más retrasado y Tostao más adelantado.

Con el paso del tiempo, Brasil ya no se alimentaba solo de sus '10' y comenzaron a salir los mediocentros defensivos: Mauro Silva, Dunga, Mazinho… ahora Casemiro y los laterales ofensivos, que comenzaron a ser vitales en la estructura del equipo. El otro día, viendo la televisión en plena apoteosis de jugadas de Pelé, me puse a pensar en los brasileños que había tenido a mis órdenes en los equipos que he entrenado y mi memoria me llevo a cinco nombres. No son muchos para casi 20 años de banquillo. En el Valladolid tuve a Pedro Oldoni y Nivaldo. El primero era más un actor que un delantero. Grande, moreno, guapo… Nos dio poco, por no decir nada. El segundo era un central duro, poco más me acuerdo de él.

Luego, en Osasuna tuve a Roversio, otro central, duro también. Jugó poco también. En el Levante, coincidí con Rafael Martins y tampoco resultó. Realmente, el brasileño que mejor rendimiento dio a mis equipos fue Charles en el Eibar, pero cuando cayó en mis manos de brasileño ya tenía poco. Llevaba 13 años en España y era más europeo que brasileño. Sin ser titular, se iba a los 10 goles y hacía todo lo que le pedía que hiciese, además de lo que él ponía de su parte.

En las conversaciones de entrenadores, muchas veces comentamos si es mejor fichar brasileños o argentinos. Para mis equipos, para como yo entiendo el fútbol, son más competitivos los argentinos, pero hay que tener cuidado de no tener más de dos juntos. Si tienes más corres el riesgo de que hagan su grupito y te fastidien el corral. En el Eibar tuve a Escalante, gran jugador de equipo, De Blasis, Esteban Burgos; en el Valladolid a Aguirre y Escudero…