El Barça no tiene quien le audite como él quiere: tres empresas en cuatro años... y el cuento de nunca acabar
De EY a Thornthon y ahora Crowe, que ya ha puesto pegas con el cómputo de los asientos VIP

Aunque el balón entre en la portería rival como nunca y el Barça sea candidato, y posiblmente favorito, al triplete, es imposible que Joan Laporta se desprenda de los problemas económicos que envuelven la entidad. Cogió un club endeudado por la anterior gestión y la pandemia y se metió en el proyecto del Espai Barça, con las palancas que le dieron oxígeno aunque algunas estaban construidas con plastilina, como Barça Studios, que ha traído más problemas que soluciones. Y, ahora, regresa el lío de las inscripciones de Dani Olmo y Pau Víctor cuando el Consejo Superior de Deportes (CSD) debe decidir esta semana y esos 100 millones de los asientos VIP, de los que han cobrado 58 en enero, ahora se le vuelven en contra como un boomerang.
No hay quien audite al Barça como él quiere, siempre con salvedades y retrocesos en sus cuentas tras el invierno excepcional que ha vivido la entidad con la norma 1:1 que le ha servido para renovar e inscribir lo pendiente. Ahora, de nuevo, una auditora no ve las cosas como las ve la junta directiva de Laporta, y eso que la entidad azulgrana ha pasado de tener como empresa supervisora a una de las cuatro grandes a estar en manos de otra que no está ni en el top ten. Cuando Laporta llegó, Ernst and Young era la responsable, considerada como la tercera mejor auditoria del mundo. "El balance consolidado a 20/06/2020 muestra un fondo de maniobra negativo de 601 millones lo que podría suponer una duda sobre la aplicación del principio de empresa en funcionamiento", escribió en su momento, dejando claro su mirada crítica con el gobierno de Josep Maria Bartomeu.
Tras dejar a EY, en 2022, el Barça bajó un escalón para ponerse en manos de Grant Thornton, la séptima en el listado de 2024, con sede central en Nueva York y una sucursal en Barcelona. Su facturación en 2023 había sido de 95,2 millones. Con ella se auditaron las famosas cuentas en las que se activaron las palancas de venta de derechos de televisión y la creación de Barça Studios por valor de 408 millones. En la campaña 21-22, la entidad presidida por Joan Laporta activó estas operaciones para poder saldar con beneficios los ejercicios posteriores. Pero poco a poco llegaron los impagos.
Las relaciones con Thornton se rompieron después de que se presentara el último ejercicio, el pasado septiembre. Mientras el club azulgrana declaró beneficios de 50 millones, su auditor hizo una salvedad importante: la depreciación de Barça Studios al no haber logrado los ingresos estipulados de 200 millones (solo se colocaron 59) debía suponer una reducción del activo, por lo que el ejercicio debía cerrarse con pérdidas de 91 millones. De hecho, el Barça, hace unas semanas, ya tiró la toalla con Barça Studios y englobó el negocio dentro de Barça Media creando una nueva sociedad, un movimiento estratégico para darle más valor y compensar también otra depreciación: hubo 208 millones que se colocaron en el activo y que no salieron a la venta, por lo que se deberá recalcular y darle otro valor.
"La valoración se determinó de acuerdo con el plan de negocio y de acuerdo con comparaciones de mercado realizadas durante el ejercicio anterior... La decisiones de finales del ejercicio de suspender las actuaciones previstas, que tenían la finalidad de acelerar la generación de ingresos con la entrada de socios estratégicos, y la falta de cumplimiento del plan, nos lleva a considerar que no debería mantenerse esta valoración... Debería ser objeto de deterioro", escribió el auditor en el informe.
La llegada de Crowe y el comienzo de los 'líos' con los asientos VIP
Tras ese informe, el FC Barcelona empezó a buscar un nuevo auditor que fuera más laxo a la hora de hacer interpretaciones de las cuentas del club y encontró a Crowe Spain, que es bajar otro escalón porque su facturación no alcanza ni la mitad que la de Grant Thornton y no está entre las diez más relevantes. Una de las operaciones que se debía realizar era la famosa de los asientos VIP que llegaron sobre la bocina del 31 de diciembre y que tenían que ser la salvación para regresar a la norma 1:1 y poder inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor. El movimiento, con la cautelar del Consejo Superior de Deportes con respecto a las inscripciones y la aprobación de LaLiga sobre la regularidad económica, fue exitoso... pero ha durado tres meses. Y, según algunas fuentes, no lo hizo Crowe sino otra auditoría intermedia.
Crowe considera ahora que los 100 millones que debe recibir el Barcelona por el derecho a venta de los 475 asientos VIP no se debería computar de golpe, como se pretendía en un principio para este ejercicio, sino que se debe prorratear por los años de venta, por un lado, o, por otro lado, se deberá aplicar cuando esos activos se hayan comercializado. No es el caso porque el Camp Nou no está operativo y esos asientos VIP no tienen aún uso. Por eso mismo, el Barça no ha podido incluir en las previsiones de su balance esta cuantía, lo que les vuelve a llevar al escenario anterior a la Navidad. Aunque al comienzo parecía que Crowe iba a tener la misma interpretación que el Barcelona en esta operación, por el momento no la considera pero tiene de tiempo hasta el 30 de junio, cuando se cierre el ejercicio, para considerarla. El Barça espera también recibir los otros 42 restantes. Una de esas empresas es la conocida New Era Visionary Group que ha levantado unas ciertas sospechas por su procedencia.
Ahora mismo, y lejos del futuro económico esplendoroso que prometía Laporta, al Barça todavía le quedan montañas que ascender al margen de este episodio. El retraso del Camp Nou, que mengua los ingresos, y la renegociación del crédito con Goldman Sachs, son esenciales para asegurar la viabilidad azulgrana. Con victorias, todo es más fácil, aunque estas no sirvan para convencer a los auditores.