Musso, ¡Qué difícil es ser suplente de Oblak!

Es un dilema tan viejo como el fútbol. Protagonistas, los porteros. Cada entrenador tiene su librillo al respecto. Las posibilidades son varias y distintas. Elegir un mismo guardameta para todas las competiciones que el equipo disputa. Un supertitular. Una segunda opción es poner uno en cada uno de los torneos en juego. Y una tercera posibilidad es elegir una solución mixta con un 'arquero', que dirían en Argentina, para las dos competencias históricamente más importantes: la Champions y la Liga y otro para la Copa del Rey.
Esta fue la alternativa elegida por Simeone. Oblak, super-Oblak, para la competición continental y para el torneo de la regularidad y Musso para la competición del k.o. Incluso, hay técnicos que cuando se llega a unas semifinales o a una final, como era este el caso, suelen rectificar sus ideas primarias y recurren a su hombre de confianza, a su titular, y dejan al teórico suplente con la miel en los labios.
Simeone tenía tan clara su preferencia que adelantó con 48 horas de antelación que el titular en Montjuic sería su compatriota Musso. Había jugado los cinco partidos de Copa completos y solo había recibido un gol contra el Cacereño. El último, el cuatro de febrero ante el Getafe (5-0). Es decir, llevaba 21 días sin competir. En la Liga solo había tenido una oportunidad, en la segunda jornada, en San Mamés, por lesión del belga (0-1). Sus otros dos encuentros de la temporada los había disputado todavía con la Atalanta, su club de procedencia.
En su primera gran noche en el fútbol español, Musso estuvo incómodo desde ese primer balón que pasó por debajo de su cuerpo (11') y que Ferrán no acertó a embocar en la puerta. Desde esa jugada se mostró indeciso, nervioso. Sobre todo en el juego aéreo. En el segundo y tercer gol azulgrana se le podría exigir mucho más. Se quedó bajo el larguero. No salió y el balón atravesó toda el área pequeña. Esa zona de influencia debe ser del portero.
Pero no lo fue para Musso. Otro susto, en un tercer balón bombeado que despejó a córner, completó su mejorable primer tiempo. En la segunda parte, poco se le puede imputar en el gol barcelonista, pero tampoco dio sensación de estar tranquilo. La responsabilidad le superó.